¿Qué quiere decir que la Argentina crezca 3%?

¿Es mucho, es poco? Es las dos cosas. Lo que sigue es una explicación rápida, ignorando un montón de factores importantes, de qué quiere decir ese 3% que predice el Banco Mundial para el bolsillo y las elecciones.

La forma más clara que se me ocurre de explicar ese 3% es pensar qué pasaría si se mantiene de acá hasta las elecciones del 2019. Simplificando mucho, y suponiendo que no pase algo inesperadamente bueno (en un sentido más bien despiadado, un ejemplo sería un colapso ecológico en las zonas productoras de soja en EEUU) o inesperadamente malo (como, por ejemplo, una guerra en Corea), 3% de acá a 2019 permitiría:

  • Reducir el déficit más o menos en un quinto (o más si se reduce el gasto estatal).
  • Aumentar el gasto estatal por persona más o menos en un 10% (o más si se mantiene o sube el déficit).

Por un lado, esto sería un logro significativo: crecer 3% sin que el precio de tus exportaciones primarias haya saltado es muy difícil de lograr, y hacerlo por varios años todavía más. A los EEUU les encantaría poder hacerlo de manera sostenida, y el año pasado menos de un país de cada tres pudo hacerlo. Por otro lado, se traduciría en cambios positivos, pero no espectaculares en el nivel de vida de los Argentinos.

De acá a las elecciones de 2023 lo improbable es casi seguro, pero imaginando que se mantiene ese 3% por año de crecimiento — y esto sería realmente un triunfo administrativo y político — el déficit podría reducirse a un quinto de lo que es ahora, con el gasto estatal por persona alrededor de un tercio más alto (con diferentes números de acuerdo a reformas impositivas, decisiones políticas, etc; esto es un escenario razonable, nada más). Un cambio muy positivo en la calidad de vida, definitivamente. No espectacular. Tan bueno como sería realista esperar, probablemente.

¿Políticamente suficiente para mantener, sea cual sea el partido que gane, una política económica coherente por la década o más que sería necesaria para poner al país en algo parecido a una curva de crecimiento autosustentable? Esa es la cuestión. Históricamente, la Argentina tiene tres problemas económicos estructurales:

  • Una economía poco avanzada, y con mecanismos internos prácticamente diseñados para hacer difícil mejorarla.
  • Tiempos políticos (en última instancia, culturales) incompatibles con lo que toma la clase de crecimiento incremental sostenido que es la única forma en la que las economías crecen (salvo excepciones históricas en situaciones en las que la Argentina no está).
  • Un "techo" bastante rígido para la eficiencia de la economía que parece ser bastante estructural; nunca pudimos atravesarlo, y sospecho que requeriría cambios culturales y sociales bastante radicales, especialmente en el contexto de las tradiciones políticas Argentinas.

En el largo plazo (lo que en este contexto tristemente quiere decir "no las próximas elecciones, sino las que les siguen") el desafío del Gobierno — de cualquier gobierno — es doble. Por un lado, una política administrativa, económica, y de negociación interna que permita una tasa de crecimiento significativa sostenida a lo largo del tiempo, y por otro lado la satisfacción de expectativas públicas que son más altas de lo que de la velocidad de crecimiento hace posible en un sentido puramente material (y en algunos casos con razón; una familia pasando hambre no puede esperar a que ese 3% haga su trabajo). Realizar ese malabarismo constante entre lo material y lo simbólico a lo largo de por lo menos un par de décadas — en un país que sospecha profundamente, de manera históricamente entendible pero también demasiado automáticamente — del concepto mismo de una economía y Estado técnicamente sofisticados, es lo que la clase política elegida y/o tolerada por los Argentinos no ha sido capaz de lograr, en los pocos casos en los que siquiera se intentó.

Resumiendo, ese 3% es, empíricamente, un logro. Mantenerlo consistentemente hasta las próximas elecciones, y especialmente hasta las que vienen después, sería un triunfo administrativo y político notable, además de requerir una dosis importante de suerte.

Es la peculiaridad del país, y la trampa en la que se encuentra desde hace más de un siglo, el que, por razones buenas y malas, no está para nada claro que sería suficiente.